martes 23 de octubre de 2007

Bajón, salto, estrépito.
Señores pasajeros, "bienvenidos a la ciudad de La Habana". Una frase regalo, una frase complaciente. Palabras idealizadas para la llegada -cualquiera sea la ciudad- a un lugar sobreexpuesto, un lugar sobredimensionado. Una frase de aterrizaje con música pop. Aplauso.
Pista gris, torre de control. Un aeropuerto internacional con cuatro aviones en sus pistas. No American Airlines, no United Airlines, no cualquier línea, no de una millonaria Lan. Primera detención. Tres elefantes de la Cubana de aviación.
Se apaga la señal del cinturón y avanza el caminante lento. En las mentes -o en mi mente- se simula y se combate por el paso en la pelea silenciosa y violenta, aparentemente disfrazada de gentil.
Se abre la puerta. Avanza. Hombres y mujeres vestidos de azul Copa, un peinado correcto, una sonrisa cínica. Chao, muchas gracias.
Paf. Calor. Humedad. Luz.
Esto es La Habana.
El aeropuerto internacional José Martí recibe a los visitantes con sus instalaciones pequeñas, viejas. Para qué más en todo caso, parece ser un lugar apacible. Sin tránsito, sin explosión de flujos.
El color café reina antes y después de pasar por Policía internacional, al igual que los uniformes de algunos de los innumerables policías que custodian el lugar. Fila. Esperamos.
Adelante. Uno por cabina.
La oficial me mira. Y me dice que la mire. Me sigue mirando y compara con minucia mi fotografía. Vuelve a mirarme, me tengo que quedar quieta. Son de esos momentos en que se uno se inventa como fuera de la ley. Llegando a creerse retazos de una historia mental que se sabe inexistente. Adelante.
Una puerta café se abre con un timbre. No veo más al resto de los compañeros de viaje. Paso. Se cierra la puerta. Policías. Perros. Más policías.
Dejo mis cosas. Paso por el detector. Nada suena. Pienso que algo sí lo va a hacer. Invento un objeto de sonoridad. ¿persecución mental?
Una policía me revisa con un aparato manual. A todos les toca el procedimiento, mientras observamos a un labrador y dos cocker spaniels -extraña raza encargada del olfato- dando vueltas alrededor de nuestras maletas. Estamos todos, salimos. Vitrinas.
Ya no hay color café, sino vidrio y fierros rojos. Y muchas banderas del mundo que cuelgan del techo de forma colorida, alegre, cálida. Incluso cuelga así la de Estados Unidos. Contradicción en una Cuba marcada por la lucha con su enemigo, marcada por las carencias ante el bloqueo económico gringo. Contradicción y rarezas en una Cuba paradójica.

2 comentarios:

Nata dijo...

Qué bien expresado eso. Eso de inventarse una sonoridad al pasar por los detectores. Todo en realidad. Bien dicho.

Las únicas cosas que recuerdo de mi viaje, digamos, del traslado a Cuba (porque de la estadía recuerdo todo), fue que en ese entonces, año 1998, estaba permitido fumar en Cubana de aviación!

El avión parecía micro de TranSantiago, la gente era súper gritona y llebavan sus enooormes mochilas y maletas en los pasillos y era imposible pasar.
El avión se movió muchísimo.
Me dio cuco.
Luego tierra amiga cubana, La Habana triste y Varadero otro mundo, casi una burla ¿cierto?

Conocí a gente increíble allá.
Siempre me acuerdo de Clemente. Él era el que entregaba las toallas para la playa del hotel. Él era ingeniero universitario, pero ganaba más plata trabajando en el hotel, los dólares eran oro. Su familia estaba en Miami, se habían ido en balsa.

Me echaba los corridos Clemente, pero él no sabía que yo tenía apenas 13 años. Él tenía como 40 y tantos. Cuando se enteró de mis primaveras se murió de vergüenza. Recuerdo su cara roja. Estábamos comiendo en una mesa del restaurant que estaba abierto toda la noche. Me preguntó la edad y yo le respondí, y el hombre se murió ahí mismo. Se levantó con su bandeja con la intención de cambiarse de lugar, se sentó nuevamente en mi mesa, se rió, se puso serio.
Lindo Clemente.

Mucho amor por allá.

Qué bueno que hayas ido.

¿Viste? tu post me hizo acordar de experiencias súper lindas en ese viaje, y las escribiré en mi blogcillo. Pasa a visitarme.

Nata

Francisca Avilés A. dijo...

Hay una parte de "Adiós mariquita linda" de P. Lemebel donde relata su experiencia en Cuba y en la Cubana de aviación. Muy al estilo de este escritor, las croniquillas resultan inspiradoras...