lunes 30 de marzo de 2009
miércoles 4 de junio de 2008
Un turista en Santiago
Santiago, one of South America's most sophisticated cities, is a thriving metropolis that's home to five million people, or nearly a third of Chile's entire population. Though it ranks third behind Miami and Sao Paulo for Latin American business travel, it is one of Chile's least-popular tourist destinations, somos de lo más ....feo? given the number of travelers who use Santiago only as a jumping-off point to locations such as Patagonia or the Lake District.
In Santiago, you won't find the rich, vibrant culture that defines cities like Río de Janeiro or Buenos Aires, or a wealth of things to do and see, either. No somos atractivos culturalmente. But that said, as the city booms economically and memories of the stifling Pinochet dictatorship fade, Santiago is reinventing itself, and the arts, nightlife, and restaurant scene has improved considerably as of late. Add to that the fact that Santiago is the historical center of the country, and you can see why the capital city deserves at least a 1-day visit. Additionally, no other Latin American city has the proximity that Santiago has to such a diverse array of day attractions, including wineries, ski resorts, and beaches.
Santiago also boasts a one-of-a-kind location sprawled below some of the highest peaks of the Andes range, providing a breathtaking city backdrop when the air is clear and the peaks are dusted with snow. Visitors are unfortunately not always treated to this view, as smog and dust particles in the air often shroud the view, especially during the winter months. From December to late February, when Santiaguinos abandon the city for summer vacation and the city is blessed with breezier days, the smog abates substantially. Cuando nos vamos los santiaguinos, Santiago es una ciudad agradable. El smog y lo gris es algo que transportamos. These are the most pleasant months to tour Santiago.
Architecturally, Santiago's city planners have shown indifference to continuity of design during the last century. Rather than look within for a style of its own, Chileans have been more inclined to copy blueprints from other continents copiones: first Europe and now the U.S. Earthquakes have flattened many of Santiago's colonial-era buildings, and what remains has been left to decay to the point that tearing down an antique mansion is cheaper than restoring it to its former glory. Thus, it isn't uncommon to see a glitzy skyscraper or cracker-box apartment building towering over a 200-year-old relic, or to see cobblestone streets dead-end at a tacky 1970s shopping gallery. Some neighborhoods look as though they belong to entirely different cities. The residential areas of Providencia and Vitacura are an exception. Here you will find lovely leafy streets, manicured lawns, and attractive single-family homes divided by parks and plazas. Una ciudad sin pasado, dividida, fragmentada.
Forbestraveler.com
¿O será una ciudad amarga?
domingo 1 de junio de 2008
domingo 25 de mayo de 2008
REC
viernes 23 de mayo de 2008
Día 2
La idea de armar una revista cultural potente es que si es fuerte, el nivel de revistas y suplementos culturales de los medios, sube. Según José, hay que hacer una revolución cultural, independiente de los poderes comerciales, no pensando en las economías, sino en el nivel cultural, en dar a conocer diferentes realidades por medio
Y para que esto sea fuerte, hay que salir a buscar lectores. Mediante fórmulas gráficas, con exposiciones de debates,
representaciones multiétnicas, con pautas propias, multiculturales.
Hay que sintetizar contenidos, estimularlos y evitar las grandes sábanas de texto. Hacer una revista con una estética marcada. Una idea es destacar las citas gráficamente, exponiendo dobles lecturas. Diferentes formas de entrar al texto.
Con periodismo de investigación, con disponibilidad a arriesgarse, con temas profundos tratados accesiblemente. Escribir para la gente, escribir para los viejos, pero también para jóvenes de 16 años.
También funciona atraer lectores con actividades de la revista o con premios culturales de la publicación.
Importante: capacidad de gestión. Creatividad y profesionalismo. El editor tiene que ser un editor-periodista y un editor-gestor. Porque es imprescindible avanzar en estos dos flancos.
Portada: Clara. Por mucho que quiera experimentarse, lo mejor es hacer algo claro, no con conceptos rebuscados.
Que las reuniones de pauta sean debates. Revistas de cultura, también de agitación (algo que no es fácil de conseguir).
A modo de noticia...
Ajoblanco está creando un archivo gigante con sus artículos y entrevistas pasadas, para que todos podamos ver qué fue lo que
se hizo en esa plataforma. Por ahora, sólo una gran pregunta
aguarda
en el sitio:
¿Qué quieres que sea Ajoblanco?
.....
¿Cómo queremos una publicación cultural en Chile?
jueves 22 de mayo de 2008
Sobre periodismo cultural

Pasión.
Importancia del grupo.
Crear redes.
Imaginación.
Experimentación.
Buen periodismo.
Llegué sólo 10 minutos tarde. Y aunque corrí, me arrepiento. Porque la sala con lámparas de colores del segundo piso del Centro cultural de España ya estaba llena. Y José Ribas ya había iniciado su presentación. No habían más de 22 personas. Casi todos periodistas, uno que otro infiltrado bienvenido. Por qué ser tan sectario. Ribas comenzó a hablar de Ajoblanco. Y se abrieron los ojos.
Hoy fue el primer día de la clínica de periodismo cultural con este español Ribas, un abogado - o estudiante de leyes por un tiempo, no lo sé- que junto a un grupo de gente, a eso de los 22 años, fundó en Barcelona Ajoblanco, revista icono de la contracultura de los 70. Franco aún estaba vivo. No tenían ni un peso. Pero su publicación llegó a los kioscos y fue leída por cerca de un millón de lectores.
Estoy aquí para explorar. "El periodismo y la cultura solamente tienen sentido si lo haces desde la pasión". Me suena tan bien. Porque en carne propia que es cierto.
Bueno, un poco de historia. Ajoblanco nació como un espacio común en un momento de necesidad. En Barcelona ya se tejía la vanguardia, con la nueva canción española y con la cercanía de esta ciudad a la frontera de Francia. Tráfico de libros, tráfico de ideas. En lo político, estaban los franquistas y los marxistas, pero Ribas y su gente querían otra cosa, una ligazón entre arte y vida, vivir tal cual pensaban, "sólo un espacio de libertad que fuera progresista". Por lo que crearon un grupo poético, que inició sus actividades haciendo una gran exposición de poesía en la universidad de Barcelona. Escuela de derecho tapizada de poemas.
Deciden crear una revista, un movimiento literario. Y el día que lo deciden, en un restaurante, la dueña les prepara el plato típico de su tierra natal. Y ahí quedó. Inscribieron el proyecto como sociedad anónima, le fueron a pedir permiso a los agentes de Franco. Ingenuamente. Se los aceptaron. Curioso. Y poco a poco fueron con su pluma e irreverencia desenmascarando la hipocresía del franquismo y de la cultura existente. Eso dice Ribas, quien lleva sus lentes ópticos sobre sus ojos en su frente pelada. Explica que llevaron a España la cultura freak, la generación beat, Kerouac, la ecología, contra los extremos.
El presupuesto conseguido en el inicio se les acabó al número 6. Para hacer el 7 pidieron un crédito. A partir de ahí, los temas fueron del underground. Y comercializados en kioscos.
Organizaron festivales de rock y de cine. Como aquel en que Almodóvar exhibió su primer corto sin audio, haciendo él los sonidos. Se inició una revolución. Y el franquismo se replegaba cada día más. La gente comenzó a tomar decisiones. La revista se ligó a movimientos sociales como el movimiento libertario.
A fines del 78, Ajoblanco ya no era la única revista del grupo. Ya habían 5. Y estaban en crisis. "Había creado una plataforma de agitación". Según su fundador, todo comenzó a hacerse un caos. Ribas se retiró. Y ese fue el primer período de Ajoblanco (aquí escueto por supuesto).
Ser más rigurosos que en un medio tradicional.
Crear lectoría con secciones estables, importancia de los hábitos.
Hay que armarse, articular debates para tener criterios propios alejados de la publicidad.
"La gente joven en vez de hablar de libros y teatro, habla de marcas. Los jóvenes de hoy no están armados para soportar el ataque de las marcas".
"América no está controlado, por ello, es necesario articular debates". Y como minoría cultural, es necesario apoyarse entre publicaciones, entre el grupo, entre todos.
lunes 19 de mayo de 2008
Color domingo
El ritmo quizás sea más quieto que el de ayer. Pero aquí siguen pasando cosas, escenas diurnas con un telón de fondo de montaña, cosas de barrio, con paneles no-tan-frágiles como escenografía. Es domingo. El cielo es gris, las cuadras son rojas, moradas…azules, amarillas. Las Perdices con Calle 3, Las Perdices con Antupirén. Casas “chubi”, Peñalolén. Una cromática y una historia.
Desde aquí se ve Santiago y sus iconos, el edificio de
Todos quienes viven aquí solían hacerlo hace dos años en una toma, en un paisaje color barro, color tierra. Llegaron el 2006. El primer invierno sus casas se llovieron. Desde el año pasado parecen no tener problemas.
Aquí hay personalidad en poco espacio. Fachadas con información y lenguaje: de almacén, con rejas de metal, muros de cemento, adobe, de ladrillo, con balcones de madera, antenas satelitales, portones rojizos, blancos, oscuros. Muros morados y verdes. Y blancos. O de color madera. Pese a que todas son las mismas es difícil en algunos casos ver qué queda de la casa original. No hay uniformidad y se está lejos de aspirar a ella.
Un grifo amarillo y brillante en el centro de la cuadra contrasta con el morado intermitente de esta cuadra.
Los niños juegan tendidos en las veredas, pegándole a las láminas y a los tazos sobre el suelo, pedazos de plástico coleccionables que probablemente sacaron de paquetes de golosinas comprados en el almacén 5 casas más allá. Todos tienen sus mejillas rojas. Será por el viento. O el frío.
Estos niños eran los mismos que hace un año se reunían en torno a una mesa de ping pong. Recuerdo haberlos visto yéndose a buscar entre sí, tocar el timbre de una de las casas de sus amigos, sacando la mesa entre todos para afuera, a la vereda, al estacionamiento de los autos.
“¡Ya no la prestan!”, refuta el más grande de los niños que juegan dando vuelta las láminas. Va en sexto básico y lleva un chaleco a rayas rojas y verdes y un buzo negro con líneas blancas. Se llama Diego.
De repente toma su skate, va a la esquina y vuelve. Silba. Su papá le grita. Van a comprar al almacén del cartel, donde se destaca en letras grandes, rojas y claras “bebidas, confites, p. congelados, PAN”. Salen con dos botellas de vidrio de coca cola. Para la tarde, para las visitas.
En unos minutos un joven grita para el segundo piso del negocio. “Enriqueeeee”. Y Enrique, de unos 13 años, se asoma por la alargada y estrecha ventana a conversar con su púber amigo.
Diego camina tres casas más allá y entra con su padre. Deja el skate en la calle. Cuando vuelve a salir, lo toma y sigue patinando. Se sienta en el cemento y ni él ni sus amigos se percatan del hombre que, con una parka gruesa, camina lento por la tierra.
Lo siguen un par de perros. En su bolso o en su bolsillo, lleva algún tipo de radio cuyo sonido se escucha a más de cinco metros a su redonda. Es un relato que se mueve con su caminar. Pienso que debe ser el partido de Colo Colo con Ñublense. En un país de rituales futbolísticos, la voz del locutor se revela evidente e inconfundible.
Igual que la llegada de tres hombres a una de las casas. Las cervezas y la antena satelital hacen descubrir o al menos sospechar las intenciones del trío. Antena: direct tv: canal del fútbol. Hoy por hoy, una posesión envidiada. En el mejor de los casos, como quizás éste, masculinamente compartida.
Diego sale nuevamente con su padre. Corre a él y de pasada lanza una patada que no golpea al perro que se le aproxima. Desaparece tras el almacén de la esquina. Ya no lleva skate. Ya no sé dónde van. Mi vista se detiene en la colección de cactus puestos cuidadosamente en macetas cafés en una de las casas de muros azules. Cada metro, aquí, está lleno de detalles. La belleza no tiene porqué ser pretenciosa…
Un poco más allá, siete adultos están reunidos en el patio delantero. Conversan animadamente sentados en sus sillas en círculo, miran para afuera, comparten una coca cola, ven pasar a los niños que se dirigen a la plaza de la calle 3 y a los jóvenes de 15 que abrazados se roban caricias.
En la plaza con número el pasto está verde y nuevo. Y aunque hay graffitis en los muros, los asientos están intactos y los juegos mantienen colores brillantes. Serán unos 20 niños repartidos entre el resbalín y los fierros. Algunos con la mirada de sus padres encima. A otros les gritan que se entren. Y llama la atención el espacio público, metros infantiles poblados de perros, que, merodeando los alrededores, son atraídos por el espíritu lúdico de un grito agudo.
Cerca de la plaza, se oyen martillazos. Es algún vecino que agranda la casa. Los
Sólo un muro divide cada bloque cúbico. Aunque los metros son pocos, el domingo, suele ser grande.
